Nº 07
Abril de 2002

Motor & Viajes    
       
ESPAÑA
MONUMENTAL

Bien merece la pena descubrir los rincones escondidos de la comunidad aragonesa para rastrear un pasado que supo nutrirse del medievo cristiano y de lo hispano-musulmán

RUTA MUDÉJAR
El reino de las 100 torres
Nací en Teruel y desde una memoria caprichosa e intuitiva recuerdo aquella escalinata; esas torres... El color mudéjar de Teruel, que es el verde. Recientemente la UNESCO ha declarado el arte mudéjar aragonés Patrimonio de la Humanidad. Y no es para menos. Basta comenzar a andar para comprender que Aragón...
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ÁNGELA LABORDETA

En la gran Plaza del Pilar de Zaragoza se encuentran los principales monumentos de la ciudad, como el templo del Pilar, la Lonja, la Seo y el Ayuntamiento.

...tiene en este arte que supo nutrirse indistintamente de la cultura cristiano-medieval y de la hispano-musulmana una de sus grandes joyas.

Llegar hasta Calatayud es tan fácil que puede decirse que uno se encuentra con la ciudad sin querer. Situada en un cruce de rutas, sorprende al viajero en su marcha de Madrid a Barcelona y viceversa, y también nos señala caminos para llegar a Teruel, Soria, Burgos o Valencia. Su estampa es fina y reposa en la llanura; su arquitectura, fundamentalmente mudéjar.

La ciudad aparece dividida en dos; por un lado, la zona que abarca los barrios que fueron árabes, y una segunda, en la que se conserva una de las joyas de la ciudad: la Colegiata de Santa María, con bellísima torre y cabecera poligonal del mejor mudéjar. Santa María es Colegiata y tras haber sido con-catedral con la de Tarazona, en la actualidad nos recibe con su portada del XVI, joya del arte plateresco que da acceso a un recinto de grandes proporciones donde reposa Pedro Cerbuna, fundador de la Universidad de Zaragoza. Pero volvamos a la torre, que es quien conducirá al viajero hasta esta bella ciudad: en ella las aristas van cubiertas por pilares adornados con filigranas, realizadas a base de salientes ladrillos que a su vez forman rehundidos sobre la superficie lisa que los acompaña.

Destaca, asimismo, la torre de San Andrés, cuya iglesia fue fundada por Alfonso El Batallador, y aunque de aspecto pobre el templo, no dejará de quedar impresionado el curioso con su torre que se levanta hacia el cielo, mostrando insolente sus ocho caras magníficamente decoradas.

Carretera adelante, dirección Zaragoza y antes de desviarnos hacia Borja y Tarazona, puede el curioso detener sus pasos en Ricla, donde descansa una torre cuyos cuatro primeros cuerpos pertenecen a un primitivo minarete árabe, y en La Almunia de doña Godina, pueblo de llanura no especialmente bello pero en el que destaca la torre de la iglesia de la Asunción, donde aparece una profusa decoración geométrica acompañada por azulejos verdes. En sus calles quedan viviendas que corresponden a la arquitectura típica aragonesa, con sus vanos bajo arcos de medio punto que se abren protegidos por grandes aleros en los tejados.

Se llega a Borja tras abandonar lugares como Lumpiaque o Magallón, donde también aparecen exponentes del mudéjar. Aquí el viajero quedará satisfecho ante la delicada estampa que ofrece esta villa, reconquistada por Alfonso VII en 1121, y de la que impresionan las dos largas torres mudéjares de la iglesia de San Bartolomé, una de ellas, la más antigua, plagada de elementos decorativos, así como la que se adosa a la Colegiata de Santa María.

ARMONÍA Y EQUILIBRIO. Entre Borja y Tarazona se alza el Moncayo. Tarazona se halla al occidente de la provincia de Zaragoza y se trata de uno de los lugares más bellos de su comarca. Primero nos detendremos en la catedral, obra gótico-mudéjar en la que destacan su torre y el cimborrio, que tanto en el exterior como en el interior, y una vez superada la nave central, presenta forma octogonal. Dos cuerpos superpuestos y en disminución, en ladrillo, con pináculos, celosías y azulejos forman un armónico y equilibrado conjunto que da a la catedral su inconfundible silueta. Todo en Tarazona es mudéjar: la iglesia de la Magdalena, el Palacio Episcopal, la Casa de Contratación o el Ayuntamiento.

Rumbo a Huesca y antes de llegar a Barbastro conviene detenerse en Tauste para contemplar la iglesia de Santa María, situada en el centro del pueblo, y su torre, de gran vistosidad, posee la virtud de ser una de las escasísimas torres mudéjares que arrancan desde sus cimientos en forma poligonal. Castejón de Valdejasa, Casbas y Sieso de Huesca nos llevan hasta Barbastro, ciudad del vero, donde encontrará el viajero el hermoso templo de San Francisco y la catedral, que sorprende por su belleza y su torre del siglo XVI, de extraña sección hexagonal, que presenta decoración mudéjar en los cuerpos superiores. Resta el Palacio Episcopal y la Casa Consistorial, interesantísima obra del mudéjar del siglo XVI.

Antes de descansar en Huesca conviene hacer un quiebro en el camino y detener nuestros pasos en Fonz, donde puede contemplarse una casona rematada por galería arqueada y estupendo alero, restaurada recientemente. Huesca exige parada, no tanto por sus exponentes mudéjares sino por lo que esconde tras esa apariencia de ciudad desordenada: un casco viejo cuidado con una catedral muy hermosa, una casa consistorial, mudéjar, con fachada de ladrillo terminada en amplia galería con espléndido alero y dos torreones flanqueando el edificio, y una iglesia, la de San Pedro el Viejo, joya del arte románico español de la primera época.

Zaragoza queda al sur y en este recorrido son muchos los pueblos que esconden restos mudéjares: San Mateo, Leciñena, Nuez... y Utebo, donde nos detendremos tal y como exige su torre mudéjar mixta, que presenta una decoración que se inicia muy cerca del suelo y en la que se utiliza una gran variedad de diseños. Sin más preámbulos llegará el viajero hasta Zaragoza, ciudad fundada por Augusto en torno al año 15 a.C.; nacía Cesaraugusta por decisión del emperador de Roma para controlar los caminos de la España nororiental y custodiar el importante puente sobre el río Ebro. En la gran Plaza del Pilar debe comenzar este recorrido, lugar en el que se ubican muchas de las joyas de esta ciudad: el templo del Pilar, el Ayuntamiento, la Lonja y la Seo, donde podrá el viajero deleitarse contemplando la ornamentación mudéjar del muro de la parroquieta y la espectacular techumbre mudéjar.

PASADO ISLÁMICO. Las peculiaridades del arte mudéjar aragonés derivan de los precedentes monumentales islámicos en la región. En este sentido, el monumento que sirve de punto de partida es el palacio taifal de los Banu Hud, conocido como la Aljafería, y que es parada obligada por su grandiosidad y su belleza arquitectónica. Estas particularidades residen fundamentalmente en el uso del ladrillo como material básico de construcción y decoración. Con respecto al aragonés, el turolense aporta dos peculiaridades: la incorporación de la cerámica vidriada aplicada a la arquitectura, y la apertura a las fórmulas estructurales y ornamentales de tradición almohade.

Entre los monumentos más antiguos conservados del arte mudéjar aragonés destaca la torre de la catedral de Teruel, conjuntamente con el ábside de la iglesia de San Juan de la Cuesta, y la torre de la Iglesia de Santo Domingo de Silos en la ciudad de Daroca. Daroca y Teruel dan los primeros pasos del arte mudéjar aragonés. La torre, construida entre 1257 y 1258, es de planta cuadrada y se eleva a los pies del templo, adosada a su hastial occidental. Exteriormente queda dividida en tres cuerpos separados por impostas, y llama la atención el gran friso de arcos de medio punto entrecruzados, labrados en piedra y con decoración de puntas de diamante tan sólo en una arcada del muro sur.

La obra cumbre del arte mudéjar en España es, sin duda, la techumbre de la catedral de Teruel. Está dividida en nueve secciones y desde el punto de vista ornamental hay que subrayar la existencia de las tres series de motivos decorativos habituales en los sistemas de revestimiento mural del arte islámico: vegetal, geométrico y epigráfico.

En Teruel, asimismo, destacan la iglesia, la torre y el claustro de San Pedro, que han sido tratados injustamente. Ya va siendo hora de reivindicar la grandeza de este conjunto que engloba tres tipologías arquitectónicas de gran interés. La de San Martín y El Salvador, de gran semejanza, son otra parada obligada. El recorrido por el mudéjar en la ciudad de Teruel se cerraría con la vista del cimborrio de la catedral, que fue levantado en el siglo XVI, y su portada neomudéjar, así como con un paseo por la gran escalinata.

Cerca de Teruel hallará el viajero la villa de Montalbán, cuya iglesia parroquial constituye uno de los monumentos mudéjares de mayor interés tipológico de Aragón. Esta iglesia reproduce un modelo de planta gótica levantina, no siendo éste el objeto de interés, sino justamente la continuación de las obras en ladrillo, lo que supone un cambio de manifestación artística en uno de los monumentos mudéjares más señeros de Aragón, ya que en la terminación mudéjar radica el mayor interés tipológico del monumento.

La arquitectura mudéjar entra en el siglo XVI en un paulatino proceso de recesión, pero mantiene su verbosa exteriorización en los cimborrios de la catedral (torre linterna levantada sobre el crucero para aumentar la iluminación hacia la zona del presbiterio) y en las variadas torres-campanarios, que es donde la arquitectura mudéjar aragonesa instala su último reducto.

En la provincia de Teruel sólo la de Muniesa es de planta octogonal. Consta de cuatro cuerpos coetáneos y de un pequeño remate de época posterior, y estructuralmente aún sigue la disposición interna de las torres octogonales del siglo XVI, como las de Santa María y San Andrés de Calatayud.

Muy compleja es la torre de la iglesia parroquial de Albalate del Arzobispo, con sus tres cuerpos inferiores, el primero de planta cuadrada y los dos siguientes octogonales. De planta mixta es la torre de la iglesia de Olalla, única parte conservada de la fábrica de la iglesia. Muy esbeltas y tardías son las torres de San Martín del Río y Báguena, localidades próximas entre sí en el valle del río Jiloca.

Son dos torres semejantes, pero una de las diferencias radica en que la ornamentación de la de Báguena es de mucho mayor alcance y empeño, ya que técnicamente se maneja el ladrillo resaltado con enorme vigor y dentro de la mejor tradición de la escuela de Calatayud. Otras torres mudéjares serán las de Navarrete del río o Peralejos de Alfambra, sin olvidar la Lonja y la casa consistorial que nos reserva la localidad de Alcañiz.

Junto a lo señalado aparecen en Aragón muchas otras piezas que responden a la arquitectura mudéjar. Sólo es preciso ponerse a caminar y preguntar: la sorpresa y el gusto afloran en cualquier recodo del camino, como sucede con la ciudad de Daroca —situada entre Teruel y Zaragoza, si bien pertenece a la provincia de esta última— y en la que destacan, además de la propia ciudad de una belleza sin igual, la Colegiata de Santa María y la iglesia de Santo Domingo, con una esbelta y original torre mudéjar.




MÁS INFORMACIÓN...

 

Bibliografía. Gonzalo M. Borrás Gualis, catedrático de Historia del Arte en la Universidad de Zaragoza y director del Instituto de Estudios turolenses, está considerado como el autor más importante sobre el mudéjar en Aragón. De su amplia obra destacan los tres volúmenes sobre «Arte mudéjar aragonés». Para mayor conocimiento acerca del mudéjar en la comarca de Calatayud, es preciso acercarse a la obra de Agustín San Miguel. Otra lectura recomendada es «La Tradición mudéjar en la arquitectura turolense del Siglo XVI», de Ernesto Arce Oliva.




LA VILLA DE HÍJAR

 

Afortunada excepción. Si el arte mudéjar ha dejado escasa huella en la arquitectura religiosa cristiana de las poblaciones bajoaragonesas, ya que en la mayor parte se impuso con fuerza la arquitectura gótica labrada, la villa de Híjar constituye una notable excepción, ya que la iglesia parroquial de Santa María es una interesante muestra de la arquitectura mudéjar. También en la provincia de Teruel hay que reseñar por su importancia la puerta y techumbre de la ermita de la Virgen de la Fuente en Peñaroya de Tastavins, que ha sido objeto de abundantes estudios.




DATOS

 

Geografía: La ruta mudéjar se extiende a lo largo de la Comunidad Autónoma de Aragón. Las principales localidades de esta ruta son Alcañiz, Tarazona, Zaragoza y Calatayud.
Población: 1.199.753 de habitantes en todo Aragón.
Clima: Inviernos fríos y veranos calurosos.

    GUIA

  • Cómo llegar
    En coche: a Teruel, por las carreteras N-234 (Noroeste), N-330, N-420 (que confluye con la A-222 hacia Zaragoza) y la A-226 (Noreste). A Zaragoza, por la A-2, la N-II, N-330, A-68, N-232. A Huesca, por la N-240, A-131, N-330. En autobús, la empresa Samar (Tfno: 978 603 450) enlaza Madrid y Valencia con varios puntos de Aragón. En tren, Renfe (Tfno: 902 240 202) ofrece dos trayectos diarios a Zaragoza desde Madrid o Barcelona.

  • Alojamiento
    En Calatayud: La fonda de la Dolores (Tfno: 976 881 323), Hotel Calatayud (Ctra. Madrid-Barcelona, Km. 237. Tfno: 976 881 323). En Tarazona: Ituri-Asso (Virgen del río, 3. Tfno: 976 643 196), Hostal las Brujas (Tfno: 976 640 400). En Zaragoza: NH Gran Hotel (Joaquín Costa, 5. Tfno: 976 221 901), Posada de las Almas (San Pablo 22. Tfno: 976 439 700). En Barbastro: Rey Sancho Ramírez (N- 240 Km. 162,700. Tfno: 974 310 050). En Huesca: Pedro I de Aragón (Avda. del Parque, 34. Tfno: 974 220 300), San Marcos (San Orencio, 10. Tfno 974 222 931). En Teruel: Parador de Teruel (N-234 Sagunto-Burgos. Tfno: 978 601 800), Hotel Reina Cristina (Pº del Óvalo, 1. Tfno: 978 606 860).

  • Restaurantes
    En Calatayud: Bíbilis (Madre Puy, 1. Tfno: 976 883 955). En Tarazona: El Caserón II (Reino de Aragón, 2. Tfno: 976 642 312). En Teruel: La Menta (Bartolomé Esteban, 10. Tfno: 978 607 532), Mesón El Óvalo (Paseo del Óvalo, 2. Tfno: 978 609 862). En Zaragoza: Gurrea (San Ignacio de Loyola, 14. Tfno: 976 233 162), La Matilde (Predicadores, 7. Tfno: 976 441 008). En Huesca: Las Torres (María Auxiliadora, 3. Tfno: 974 228 213).

 


VIAJES es un suplemento de

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